“Los habitantes del planeta celebran periódicamente, al cumplirse un ciclo de su calendario solar y coincidiendo con el cambio estacional, una festividad en honor del nacimiento de un niño dios, al que creen hijo de el dios creador del universo.
La festividad consiste principalmente en adquirir bienes que habitualmente se consideran fuera del alcance económico de cada uno, y para ello hipotecan los frutos del trabajo futuro, que realizarán durante el siguiente ciclo anual. Estos bienes se los regalan unos a otros, aunque limitando el intercambio a un círculo familiar directo.
Dicho intercambio se produce en el contexto de un banquete que cada familia ofrece, y en el que se consume un ejemplar de cierta especie aviar convenientemente aderezada y cocinada a fuego. Los regalos en tanto, son envueltos en papeles decorados, y depositados a los pies de una réplica artificial de cierta especie arbórea, que se dispone en cada casa, engalanada con adornos brillantes y luces de colores, donde se supone que han sido dejados por un ser mitológico, que de acuerdo a la tradición habitaría en uno de los extremos del eje de rotación del planeta, desde donde saldría sólo para esta ocasión. Concluido el banquete, los regalos son entregados a sus destinatarios, entre abrazos y deseos de prosperidad.
Accesoríamente a los pies de dicho árbol se dispone una réplica del nacimiento del niño dios, motivo de la celebración.”