«Dos mil años de dominio judeo-cristiano han transformado en peyorativo el término pagano. […]
El culto y la adoración de la Montaña, de la luz diurna, del Sol, de las fuerzas naturales, de los ríos y los árboles, ha sido profundamente espiritual y simbólico. No se adora el Sol como algo físico, sino lo que está detrás del Sol, su Nostalgia de otro Sol más allá de todos los soles: el Sol Negro, el Rayo Verde, algo inexistente, que se perdiera. Lo mismo con la Montaña, con el Árbol, con el Río. La alegría, la belleza, el amor y la fuerza que se desprenden y se logran de este culto, en esta religión tan antigua como el mundo, provienen de todo lo que está detrás del símbolo, que la Naturaleza sólo refleja y nuestra alma capta. Porque «las cosas vienen a nosotros deseosas de transformarse en símbolos», como decía Nietzsche.»
Del libro «Adolf Hitler, el Último Avatara», del autor chileno Miguel Serrano Fernández, 1987
